Fotógrafos/Opinión/Rafa González-García

El Color Modifica

Cuando volví de uno de mis viajes en 2012, Uganda o la India, no recuerdo exactamente, un colega de trabajo que hace fotografía con menos dedicación que la mía, comentó con cierto tono despectivo que mis fotos gustaban, pero eran muy fáciles de hacer, bastaba con irse a un lugar exótico y pasarlas a blanco y negro. En cierto sentido no le faltaba razón, pues nos atrae más la fotografía de un negrito en un poblado africano que la de un jovenzuelo en un parque con columpios. Aunque en estos tiempos estúpidos en los que estamos, no sé cuál es más difícil de conseguir, porque en España uno lleva una cámara y parece que lleva un arma. Puedes pasar a ser un espía, un delator del adulterio del vecino con la vecina del quinto, un pederasta o qué sé yo que otras cosas… Pero vamos a la almendrilla, a la cuestión del color que es lo que hoy me ocupa, porque el color modifica las reglas de la composición.

Henri Cartier-Bresson decía que la fotografía en color no era fotografía y que no se podía hacer. Si uno lee Fotografiar del natural o el magnífico librito sobre el francés de Clément Chéroux (Henri Cartier-Bresson, El disparo fotográfico) publicado por Blume, puede encontrar lo que sigue: «Para recrear realmente en el campo de la fotografía en color, es necesario transformar, modular este último y, de este modo, encontrar la libertad de expresión mediante las grandes leyes que codificaron los impresionistas, y que ni siquiera un fotógrafo puede eludir (la ley del contraste simultáneo, según la cual todo color tiende a colorear con su complementario el espacio que lo rodea; si dos tonos contienen un color común, éste se atenúa por su yuxtaposición; dos complementarios yuxtapuestos se resaltan; mezclados se aniquilan, etc.» o «La operación que consiste en transportar los colores de la naturaleza en el espacio a una superficie impresa plantea una serie problemas extremadamente complejos. Algunos colores absorben la luz, otros la reflejan; por siguiente, algunos dan la sensación de acercarse, otros, de alejarse; por tanto, es necesario ajustar las relaciones cromáticas, ya que los colores que en la naturaleza se sitúan en la profundidad del espacio reclaman una situación distinta sobre una superficie plana, ya sea la de los pintores o los fotógrafos. Ahí reside la verdadera dificultad, cuando nos enfrentamos a un sujeto que no podemos controlar del todo; y este problema aparece cuando tomamos fotos a color en vivo y en directo».

Claro, estas palabras junto con su idea del instante decisivo que define al tipo de fotografía que él hacía, son rechazadas de pleno por otros autores. En la charla que dio Jose Manuel Navia en Barcelona (recomendable absolutamente) carga las tintas en gran medida contra todo esto. Y así lo ha repetido en varios de sus talleres, como el de Apertura al que tuve el inmenso placer de asistir en mayo del año pasado.

Para entendernos, la información que añade el color a una fotografía, prima sobre el resto de elementos que la componen. Si el blanco y negro es sobre todo descriptivo y lo fotografiado está por encima del ambiente; el color es subjetivo y el ambiente o la atmósfera inunda tanto la foto que corre el riesgo de modificarla. En la fotografía monocromática los ejes que guían su lectura son la textura, las líneas, los puntos, la geometría, el equilibrio y la armonía, el juego de luces y sombras, la composición. No son pocos factores, pero pueden controlarse de un modo más sencillo que en color, pues en esta última tenemos que añadirle —como anunciaba Bresson— varios más (aparte de la manipulación a la que hemos llegado con los software de revelado digital). Por ejemplo la combinación cromática, colores primarios, complementarios, cálidos y fríos, etc. Incluso colores que no nos gustan y afean la toma, y distraen nuestra atención del verdadero interés que perseguimos con tal o cual imagen.

Pondré por ejemplo un par de imágenes que han sido reveladas de manera diferente, sólo cambiando la temperatura de color después de la toma. La primera nos da una sensación de mayor calidez, es más acogedora si se quiere. La segunda es mucho más fría, más desoladora. Y simplemente he modificado el balance de blancos, nada más.

Otra cuestión muy importante, de ahí que el documentalismo o fotoperiodismo se realice en su mayoría en blanco y negro, véase James Nachwey (a pesar de sus últimos coqueteos policromáticos) aquí. Como digo, un elemento importantísimo es la luz, el momento del día en que fotografiar. Generalmente, las mejores horas de luz son al amanecer y al atardecer, cuando los tonos son más fríos (alba) o cálidos (crepúsculo). A las doce del día la luz es muy dura y genera unas sombras con demasiado contraste. Fotografiar en color supone sacrificar muchas imágenes simplemente porque la luz no es la adecuada en ese momento.

Fotografía de James Nachtwey

En un correo reciente con Navia, hablábamos de ello:

YO: Tengo un grave problema de elección y no sé si se origina sólo en el revelado o ya viene desde la toma, que sé que es lo más importante. Pero si ya viene de la toma y hablamos “en color”, José Manuel, ¿no se sacrifica demasiado cuando uno opta por el color? Me refiero a que uno ve muchas fotos que sabe que en blanco y negro funcionan, pero en color “se ven muchas menos”, se registran muchas menos cosas interesantes… Creo.

NAVIA: Has dado en el clavo, Rafa. Y veo que has entendido perfectamente lo que te quería decir. Has usado una palabra clave cuando se habla de color en fotografía: renuncia. Trabajar en color significa renunciar a muchas situaciones que sabemos que en blanco y negro funcionarían bien, pero no en color (como ya hablamos en el taller). Y ese problema se manifiesta en toda su intensidad a los autores que han trabajado mucho en blanco y negro y luego se pasan al color. Quienes comenzamos con el color en época muy temprana, ya hemos aprendido a convivir de modo natural (aunque no exento de “dolor” en ocasiones) con esa renuncia. Y no olvides que cuando vemos imágenes de autores que nos gustan en color, vemos lo que nos muestran, pero no aquello a lo que renunciaron. En mi caso te puedo asegurar que es así.

Fotografías de José Manuel Navia

En resumen, si hacemos fotografía en color debemos tener en cuenta tantos elementos que a veces nos llevarán a desechar la imagen por muy interesante que nos parezca su contenido. La elección está antes: fotografío en color o en blanco y negro. Personalmente es un tema que me trae de cabeza y ando a correos con distintos fotógrafos como el ya citado Jose Manuel Navia, e incluso tutorías con Jesús Gabaldón, profesor en el máster de Postproducción de la Escuela Lens, en Madrid, y autor de la serie Gould stroll (pinchen con la rata), fotografías que me enamoraron.

Foto destacada: La imagen es de Todd Hido, un genio del color. Pinchen aquí para comprobarlo. Post extraído del blog http://novadehistoria.com/ con la autorización del creador de la entrada, Rafa Gonzalez-Garcia.
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