Entre arte y negocio/Felipe Passolas

Historia de unos alicates de andar por casa

El fotoperiodismo es uno de esos trabajos que son fundamentales, pero que a la mayoría de los protagonistas de un conflicto bélico no les gusta. Cuando un periodista accede a una zona de guerra y es testigo de lo que sucede podrá dar fe de ello con cifras, números y fuentes. Pero todos aquellos que portan un Kalashnikov temen más a la cámara que a la pluma.

Como ejemplo, en el conflicto ucraniano hasta que los T.72 rusos (carros de combate) aparecieron en las ciudades de Dombass no se comenzaron a poner en marcha las sanciones económicas que hoy están en vigor. Una situación que se llevaba denunciando por los medios de comunicación durante meses. Pero parece ser que la demoledora imagen de videos y fotografías de aficionados y profesionales filmando columnas de tanques entrando en Ucrania fue lo que impulsó a la comunidad internacional a actuar. La pluma y el papel parece que no dan tanto miedo.

Hace unos días en la frontera sirioturca estaba fotografiando refugiados sirios cruzando la frontera, el Estado Islámico había quemado sus pertenencias y huían desesperados. Por supuesto, los militares que estaban encargados de proceder al registro y cacheo de refugiados no estaban nada contentos con nuestra presencia, estábamos una escritora norteamericana, otro fotógrafo francés y yo. Presenciamos un trato no muy humano por parte de los militares y robamos la foto de la escena. Cada fotógrafo tiene sus trucos para hacer la foto y evitar que quiénes lo controlan te la eliminen.

Unos 12 militares nos amenazaron con quitarnos las cámaras mientras “cargaban” a los refugiados hasta el registro pertinente. Accedimos a bajar las cámaras, no había forma de que tres periodistas pudieran ejercer presión de fuerza en zona de guerra contra una actuación militar en regla. Entonces, sucedió lo más raro: para cortar la alambrada, un ejército profesional como el turco no tenía alicates ni nada similar. Tuvo que ser un refugiado sirio quién facilitara las herramientas para el rescate. Aún creo que no nos dejaron hacer fotos para no dejar constancia de la incompetencia del ejército turco.

También, por qué no, por el trato a los refugiados. Los Otokar Cobra son blindados de última generación con cámara de infrarrojos y su torre tiene una ametralladora de calibre medio alto. Cuando apuntan la cámara, la ametralladora sigue el mismo eje que la cámara y es muy simbólico como para vigilar a los refugiados se les apunta con ametralladoras. Un ejército que tiene esa tecnología, pero que no lleva alicates en sus blindados.

A pesar de que nos amenazaron con requisar las cámaras, entre la dotación había soldados turco-kurdos que hicieron la vista gorda, pero sabía que en cuanto llegara el oficial de turno nos echarían a patadas o al calabozo por hacer fotos. Y así fue. Guardamos las cámaras y, como es duro irse de un lugar y dar la espalda a un trato inhumano, refrendé mi postura por el derecho a informar. Decidí tomar notas a falta de poder hacer todas las fotos que quería. Sabía que podía apretar un poco

Me puse en actitud de chupatintas engreído tomando nota descaradamente de cada acción, ante unos militares que avergonzarían a cualquier miembro de la OTAN. El oficial llegó y nos pidió las acreditaciones, teníamos una colección de ellas pero son inútiles, sirven para quedar interesante con los civiles o en los bares, aparte de para pasar algún checkpoint… sirven de poco. Nos requisaron los pasaportes: como siempre te ponen contra las cuerdas, te amenazan un poco, te intimidan con una cárcel turca y no nos quedó más remedio que tocar retirada. Esperamos escondidos al camión que transportaba como ganado a los refugiados para intentar contar al menos el final de la historia. Los militares ya no escoltaban a los refugiados, esos ya no eran importantes. Lo importante era la escena de refugiados cruzando la frontera y la respectiva intervención del ejército turco.

Con cámaras no duramos ni 3 minutos en la zona, lo que os da una idea de cómo se valora el texto y la fotografía como pruebas de una situación peliaguda en zona de conflicto. Es curioso, a los fotógrafos se nos da acceso siempre que es propaganda positiva, y en este caso pensé que con unos paquetes de tabaco y galletas no tendría problema. Que un ejército tenga material militar de primer nivel, como el que tiene cualquier miembro OTAN no significa que la disciplina de sus soldados esté al mismo nivel. Iba a fotografiar la actitud humana de un ejército turco dando refugio a víctimas civiles de una masacre del Estado Islámico. Pues no fue así. Uno debe hacer estómago y siempre esperar un codazo en un ojo o un culetazo en la cámara si no lo recibes es que la foto no tiene peso, en cuanto la foto molesta es que hay algo que contar.

Así que en zona de combate, ni los títulos, ni las acreditaciones pueden sustituir  tu sentido común y experiencia. Recordad siempre que este trabajo siempre es gestionar el riesgo. Si aprietas tanto que luego no lo puedes contar no tiene sentido. Gestionar el riesgo es el primer objetivo de mi trabajo. Da igual que sea para hacer fotos, concertar entrevistas. Cuando alguien me dice “Passolas estás loco”, la respuesta interior y exterior debe ser. Hemos sopesado todos los riesgos a nuestro alcance. Un buen fotoperiodista es un buen gestor de riegos.

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