Actualidad/Desde Plaza Arriola/Editorial

Lo que no se olvida

Desde Plaza Arriola. La Editorial de ProStudio360, por Javi Rando.


El último siglo y medio ha dado para un sinfín de definiciones de fotoperiodismo. Las hay para todos los gustos, que incluyen términos tan acertados como denuncia, memoria, realidadcrónica, entre otros. Para introducirnos en la cuestión que nos atañe, me quedo con una de la fotógrafa francesa Gisèle Freund que, a pesar de haber desarrollado su actividad en el siglo XX, sigue teniendo vigencia en nuestra sociedad:

“[…] ayuda a entender la realidad de manera instantánea gracias a que una imagen no oculta detalles que una nota escrita sí”.
Revolucionario católico, Irlanda del Norte (1969) – Hanns-Jörg Anders
La realidad de la que habla Freund me salpicó en la cara de forma violenta mientras navegaba plácidamente en Google. Hasta entonces mi superficial misión era la de encontrar las mejores fotografías de la historia. Lo que me topé fue con un ranking de World Press Photo en el que mostraban sus más destacados ganadores desde 1955. Un vistazo rápido me hizo cuestionar el uso de la palabra mejores. El porqué lo podéis ver aquí.
Al mismo tiempo se despertó en mi mismo una absoluta conciencia de lo alejados que estamos de lo verdaderamente importante. Para cualquier individuo sano, lo principal debe ser el derecho a la vida, cosa que brilla por su ausencia en esta serie de imágenes. Eso sí, os tengo que confesar que me costó empatizar con las miserias que mostraban la mayoría de esas imágenes, pues una parte de mi no dejaba de buscar dónde estaba el truco y la otra lo veía ciertamente lejano.
Enfermo de Sida, San Francisco (1986) – Alon Reininger

En ese ten con ten, la injusticia se jacta frente a una cámara llena de polvo y con poca batería. El retrato de la muerte acaba en un medio de comunicación que valora la imagen en visitas o ejemplares vendidos, que a su vez se traduce en dinero en publicidad. Aquella realidad de la que hablaba Freund es cada vez más cruda cuanto más piensas en toda la maquinaria que activa esa acción, tan cotidiana para nosotros, como disparar la cámara.
Los más críticos podrían considerar este material como una prueba fehaciente en un juicio moral a la humanidad. Seguro que aún estamos a tiempo de archivarlas en un capítulo negro de la historia, en uno que nunca debe repetirse y para ello tiene que ser mostrado abiertamente. Me gusta pensar que esa misma motivación eleva a fotógrafos a la categoría de héroes cuando deciden adentrarse en las calles de Damasco o cualquier otro punto conflictivo del planeta. O quizás sólo es su trabajo.

La Guerra del Golfo, Iraq (1991) – David Turnley

No pretendo crear el paradigma de cómo sentir imágenes de una crudeza tan viva. Para cada persona tiene un valor muy distinto y respeto ese punto. Sin embargo considero de respuesta obligatoria el no tomarlas como parte de la industria del espéctaculo, como si se tratase de un clip de la última producción hollywoodiense.  Estoy seguro de que lo podemos conseguir si tomamos unos minutos para pensarlo.
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